Del cajón de los recuerdos: diario del FICCI 60 [2]

De izquierda a derecha: Jorge Borja, Adriana Rojas E. (AMREC), Jorge Navas y Gómez Sánchez.
Cartagena, marzo 13 de 2020

Marzo 14

Estoy encendido, no he dormido ni un minuto desde ayer a las siete, cuando desperté con un dolor de garganta que ahora me llena de angustia. ¿Estaré infectado por el corona virus? Nunca imaginamos lo que vendría a pasar en este festival, al que yo no quería venir, pero al que terminamos viniendo porque Cartagena es como una especie de destino anual, y no me quejo, no me puedo quejar, ayer rumbiamos hasta las dos de la mañana, pero lo correcto ya era quedarse en casa, y mis esputos son café verde, serosos, pegadizos, se adhieren con fuerza a la loza del lavamanos, espesos, Dios mío, si me quedo en Cartagena por avisar que tal vez tenga el corona virus quién sabe cuándo volvería a Medellín, y Adriana tendría que irse sola o quedarse, y no sé qué de todo esto pueda ser peor. De hecho, todavía estoy como medio borracho, aunque ya como que logro evadir el guayabo con mucha agua y algo de fruta en la madrugada, pero no sé si tenga fiebre o si los escalofríos vengan por el puro miedo, yo soy muy sugestionable, ¿será que tengo hipocondría?, el médico dijo que tal vez, porque el dolor de mi rodilla de hace una semana no era cáncer, dijo que estoy perfecto, brincó, gritó muévase, goce, me zarandeó, pero la hipocondría sería la peor enfermedad, le susurré a Adriana al salir del consultorio, porque el dolor está ahí, en la rodilla, aunque a los dos días se fue, yo creo que era fatiga muscular por la maratón que hicimos con Fernando Restrepo en Medellín, la gente tiene resistencia, yo me canso ya fácilmente, lo que tengo en este momento puede ser también una simple gripa, como me da siempre que el aire acondicionado, o la brisa del mar, me toman desprevenido, la cosa es que, la cosa es que no sé y devolverme a Medellín fingiendo la salud para que no me retengan en el aeropuerto, ocultando una tos con movimientos convulsos, contagiando a la gente, debe ser cinesífilis, ayer nos reíamos de eso, viendo el último documental de Navas, justo antes de que nos enteráramos de que el Festival fue cancelado, yo ni sé que pensar, porque Adriana ante las protestas de Carolina Sanín en sus redes sociales solo dijo: ‘¡Murámonos viendo cine!’, y yo pensé con quién me casé, Dios mío, estoy en verdadero peligro, y claro, por la noche, por primera vez, era yo quien se quería devolver para la casa, pero ella gritaba en Delirium, o no sé cómo se llamaba la discoteca, el bar, Gospel, algo así, que estaba pasando la tusa-ficci, gritaba, ella solo piensa en cine, y que esperáramos a Jorge, me insistía, yo pasaba las polas con Bretaña, pero Navas no llegaba, y Bretaña es una mala palabra, tan grande como la grande, pero yo tomaba soda y miraba la gente que estaba en la fiestecita del estreno del último documental de Navas, ‘Balada para niños muertos’, que no está nada mal, aunque habrá gente que diga que es televisivo, como si no fuera televisivo Berliner, el problema es que se emplean términos de cajón para decir que la peli es, supuestamente, convencional, y eso que no lo es, el problema segundo y menor es que esos sujetos que dan cátedra diciendo que la peli es televisiva por decir que es convencional, ya que también hay buena televisión, y grandes documentales televisivos, esas gentes no ven que el docu no es nada convencional, y yo no sé si es porque Navas logró, y yo se lo preguntaba ayer, decir algo nuevo, o porque lo nuevo que dice, y que muchos no notan, es de una profundidad inabarcable, debe ser cinesífilis… Ah, qué cosa, yo es que sí soy como Caicedo y si no me maté es porque él ya lo había hecho, de veras, así son las cosas en esta vida, Santito, tú que me leerás cuando te mueras, que no te mataste para que no dijeran que te repetiste a Caicedo, aunque hay quien me dice que si yo me hubiera matado en mi momento, en el 97 o en el 2000, hoy habría gente con mi efigie en su camisa, pero qué va, yo todavía no he hecho la jugada, eso de decidir no matarse cada noche, de cada noche decir hoy no me mato, es porque uno quiere frentear la parca cada mañana o vivir por su propia mano, mejor dicho, y eso es todo lo que me barbariza frente al documental de Navas, que es que, cómo decírtelo, no sé, la gente se tomó el gesto de Caicedo como debe tomárselo, como un gesto, pero es que si vas al fondo del asunto, el gesto no solo no es un gesto cualquiera, el de matarse, sino que además ese gesto ya repetido y muy traído y llevado era un mensaje evangélico, niño, que nos matemos, y yo no le hago caso, o no le hago caso aún, yo ya le dije a Adriana que cuando toque nos vamos, porque no me gustaría dejarla aquí sola, y ella se enloqueció, me dijo que con quién se había casado, que estaba en peligro, y yo que la vida era para vivirla dignamente, o sea para morir en su momento, cuando ella ya no dé para más, y eso lo dice Séneca, ojo, ¿quién es Séneca?, cuál Séneca ni que ocho cuartos, vociferaba Adri, y que si me encontraba muerto más bien se iba y nos separábamos, y yo no sé. Debe ser cinesífilis. Por eso es que, ¿ya escribí por eso?, por eso es que cuando Navas retoma la frase de Andrés, Andresito, de que anticiparse a la muerte es el único modo de vencerla, se me hace como que la vida es lo que hay que vencer, no a la muerte, y no por contradecirte, Andresito, Rosario querida, sino antes por darte la razón, porque vos venciste a la vida tan hija de mala madre que nos tocó, tan bella y tan malparida, y uno parido por ella, por esa sonrisa de tu madre, ¿la has visto?, la de tu foto con Patricia poco antes de morir es como la risa loca, desquiciada de tu madre el día en que se casó, pero yo pensaba, ¿cómo sería tener a Andrés Caicedo nueve meses en la barriga?, seguro él lloró por dentro, ¿no fue como el Buda, o como Mayolo?, ¿quién fue en la historia de la civilización el que lloró en el vientre de su mare marecita buena, paridora de lágrimas de río grande de la Magdalena atravesado su corazón por la espada del agua-sangre misma que lanza de la oreja mocha y el hierro vivo por hierro muerto?, yo cantabruyo descompasitango muyendo mueses, y no me da, yo no lloré sino cuando nací y vi a todo el mundo muerto de la risa, no era para tanto. Andresito, Rosario querida, voy a escribir pronto de Balada para niños muertos porque en ese documental, que tal vez sea un documental para iniciados, sí, y eso que para Telepacífico había que hacer un documental para ignorantes, pero los ignorantes somos sordos, en ese documental digo que hay una interpretación de la obra de Andrés, no solo un vulgar relato de su agonía, por el flanco por el que hay que tomarla a esa obra, y es por el lado del mesías fracasado, o sea del pregonero, del que da ejemplo, del que se hermana con su escritura, del que cifra con rayoncitos de sangre la vida monumental que por su alma navega y muere quedando en la gloria de los días silvestres que por su arte iluminan. Bueno, ¿y si es corona virus? Adriana duerme, no ronca, ¿estará muerta? Si roncara nada me garantizaría que va a vivir, como en El séptimo continente, de mi rival Haneke, al que Adri le daría hasta la conciencia, en la que la mujer agonizante ronca después de matarse. Mañana será otro día, y ya amaneció. Hoy cumple años mi mamá y hay que felicitarla.

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