El arte de William Agudelo

Fig. 1
Título: HYUNDAI (líder político contemporáneo remplaza el trono y la espada de Bolívar por una motosierra)
Técnica: pasteles sobre papel
Dimensiones: 100 cm por 1500 cm
Año: 2019

LA ASIMILACIÓN DEL GIRO

Lo más atrayente de todo genio es, desde luego, el poder unificador de su discurso. Hablamos de un lenguaje o de unos trazos que logran hacer converger la experiencia humana como un nudo esencialmente limpio o implícitamente suelto, como un laberinto en el que nunca te sientes perdido del todo, en el que tú fueras el centro. Por más que busques, nunca sabrás qué hay a tus espaldas. Si te giras, no te abandona la ignorancia, y el hallazgo mismo es una nueva incógnita en su sombra. Pero ahí está todo, es una puerta a incontables pasillos de infinitas puertas al recinto magno, inalcanzable, de tu propia intuición, que ya conoces, pero sigues interrogando. Una constelación es y no es una estela, más que la efigie, pero la efigie te condena a un relato, como tu nombre. La tradición que encarnas te pide que palpes con mayor rigor la roca que otros han tocado sin atreverse a romperla. Dudas, le preguntas su peso, tratas de desnudarla en la plenitud de su espectro, antes de desbaratarla, de pulverizarla, y ante la premura del prójimo por que la arrastres en sus montoncitos, o bien la defiendes, o bien decides cantarle, cantar a su muerte, a su transformación y a la ceguera universal, alucinante, visionaria, devanadora de tímpanos.

Por supuesto, como lo predicaba el romántico, al fin solo estás tú, o sea yo, el yo, o algo parecido.

Nada más, pero nada más profundo y lejano.

Fig. 2
Título: Lennin  interpreta el cuerno de Gabriel (el niño en  su inocencia puede interpretar y producir sonidos a partir de una función matemática)
Técnica: mixta sobre pergamino
Dimensiones: 100 cm por 70 cm
Año: 2009
Fig. 3
Título: Función de transferencia (artista marcial que impacta una motocicleta conceptual, generando un colapso en el espacio-temporal de accionamiento)
Técnica: mixta sobre pergamino
Dimensiones: 100 cm por 70 cm
Año: 2009

En tal sentido, la ciencia o, digámoslo, el lenguaje de las matemáticas, y el arte, así como la filosofía (y quizá todas las demás disciplinas derivadas del conocimiento o aquellas del todo heterogéneas, del deporte al periodismo, del circo a la medicina), no son lo mismo pero sí hablan de lo mismo. Lo humano es parcela de lo cósmico, lo onírico está en conexión íntima con lo social, todo número es una palabra y toda palabra una imagen. El que estés aquí no es menos absoluto que el curso implacable de los astros o la fugitiva llamarada de las nubes. Entre ambas fijezas irresolubles y pasajeras realidades están todos tus devaneos como un solo coso, nutrido y dador e insobornable, seguro, consciente, despreocupadamente eterno. Si mi llamado es poético no es menor cifra de la alteridad. Cifra decimal y entera por doquier, cifra computable en un cero devorador, en un infinito que es camino del infinito, suma de recodos prácticos a nivel. Como metáfora nada es parecido a nada, sino exactamente igual que su rostro perdido en los Andes, congelado en la muralla.

Así, William Agudelo es un cero devorado por la paridad.

Fig. 4
Título: Delta de Dirac (representa el impulso instantáneo en tiempo y espacio, donde se define la existencia de una estructura cognitiva infinita)
Técnica: mixta sobre pergamino
Dimensiones: 100 cm por 70 cm
Año: 2015

Este creador y calculista boyacense ha hecho un conjunto de obras que tejen una conjetura incisiva y monstruosa, paridora. Lo suyo es una combinación soluble de amor a la sabiduría, o sea, odio a la sabiduría, o sea, estética, y odio al arte, o sea, amor a la ciencia, y además ciencia en sí misma, o sea, método ensimismado, filosofía pura. Lo que comúnmente se llama ciencia es en él filosofía, lo que comúnmente se llama filosofía es en el arte y lo que comúnmente se llama arte es en él revolución, en el sentido de giro sin tornillos, coso vuelto y revuelto que nos mira. Considero que la perspectiva con que uno lo mire será siempre adecuada. La que he escogido, visto está, es un simple aparato de anacrónicas furias que a su vista reverdecen. El fuego se humedece pensando en William, o sea, en lo que de sus manos florece. De sus ojos no puede haber noticia, su mirada está en el modo en que saltan los conceptos hechos medida por medida en cada una de sus imágenes y de sus músicas. Existen series, filas de fantasmas, a lo largo de su atrevida carrera, que uno puede discriminar como periodos, pero más digno del pensamiento que subyace en ellas, en esas fantasmas, que todas son y somos mujeres, es advertir lo que simplemente varía en una a otra, tal como lo digo, sin que lo posterior sea realmente último o evolución, sino acaso al revés, anterior revelado, causa final, por decirlo de algún modo, todas mujeres.

Fig. 5
Título: El ordeño (representa a nuestros campesinos en sus labores matutinas diarias)
Técnica: pasteles sobre papel
Dimensiones: 80 cm por 60 cm
Año: 2018

La serie que llamaré cuadricular es una espiral toda ella, me recuerda a los dibujitos con zonas numeradas para que uno coloreara de acuerdo con el sujeto. Si verde era uno, o sea, el uno, uno era un verde diseminado en muchos verdes. Y así si uno era rojo, o si verde eran dos, eran un solo color en la imagen demente del niño buscando el tesoro bajo el mar de los pulpos y los tiburones sonrientes. William encuentra que esa cadencia turgente que trama verdes y rojos y glaucos en una sola textura esconde un orden perfectamente abismal, concéntrico a sus márgenes. Desde luego se trata de una conjetura: él la pinta, sigue el dictado de la misma según la diversidad de funciones matemáticas en que tal se expresa. Por ejemplo, el flujo del aire, o la pulsión de una descarga, se dibujan a través de su visión como una arquitectura de zonas delimitadas cromáticamente. De allí el niño que sopla por un flautín (fig. 2), de allí el karateca que intercepta a una moto (fig. 3). Pero no en sí mismos, aún, sino según su impalpable y perfecto esqueleto dinámico. No se le debe pedir a William una inútil fidelidad fotográfica o un sensualismo a sus imágenes, porque él retrata otra cosa, en la que somos zombis, mares surcados, vacíos cortados a navaja que se vuelcan trocados en corporeidades, mujeres en éxtasis que nada ni nadie puede fotografiar, retratar, pero sí comprender, comprender del todo, como rayón fúlgido, perfecta proyección de asimetrías desatadas, armónicas, congruentes y es más, inteligibles, esclarecedoras, paridoras de conocimiento, mujeres.

Fig. 6
Título: Autorretrato
Técnica: modelado en plastilina
Dimensiones: escala natural
Año: 2017

Esa es la serie que más conozco de su obra proliferante, y entre los cuadros inspirados suyos creo que prevalece la visión comunicante del cielo y de la tierra como una columna de degradación cromática (fig. 4). Esa imagen concreta es lo que pareciera surgir de la concreción en otras, pero aquí surge de la comprensión pura del mundo. La aberración matemática está presente, como en todas las composiciones de William, en esa hilera de aves migratorias que eluden la columna, y en las figuritas humanas que tratan de escalar lo que no pueden escalar y al fin logran escalarlo, después de arrastrarse por el suelo, quién sabe hasta dónde, porque la imagen es un misterio, o sea, un momento, una captación, fotografía de lo esencial, sí, no de la luz sino de su simiente mediata. Pero hay otra serie, otro periodo diversificado, esparcido, otro aspecto de la obra pictórica de William Agudelo que se abandona a las formas inmediatas, y entre su legado trascendente fulgura el dibujo del ordeño de una vaca por un campesino (fig. 5). En ese color trazado hay unos vectores que no por nada me recuerdan al Van Gogh de los últimos meses, el de Arlés, el de La iglesia de Auvers-sur-Oise, el de la Puesta del sol en Montmajour, que en verdad es el Van Gogh latente de algunos de sus primeros dibujos, que de manera enloquecida y no primera, pero sí revolucionaria, transmitía el movimiento mínimo de la vida en líneas animadas, no inertes o, digámoslo, definidas, sino transitivas, sedientas, flamígeras. Allí está la misma decantación de las fuerzas físicas en ebullición, pero sin su rejilla esclarecedora matemática, con más y menor misterio, con más y menor claridad intelectual. El atrevido y determinado temblor de ese dibujo es paradigmático de la totalidad de esta serie figurativa de Agudelo, en la que se hace presente con una vacilación y humildad propias de quien (como Van Gogh) hace una ofrenda ante el profundo milagro de las apariencias vivas.

De William Agudelo se puede decir lo que él ya dijo: “Yo ya trascendí”.

Fig. 7-12
Título: Liberación restringida (se evidencia la estética flexible del cuerpo humano a través del cuerpo desnudo y el rostro cubierto, en espacio público)
Lugar: Bogotá
Técnica: Fotografía digital
Año: 2019

Sí, su obra lo sobrevivirá. Tanta es su importancia que, en cierto sentido, es un fracasado, en el sentido de que nadie podría comprenderla a cabalidad. Se proyectará en el tiempo como una respuesta y un interrogante. El último cuadro suyo que conozco, un retrato admirable de Uribe Vélez en el traje del famoso Libertador, Simón Bolívar, con una motosierra en lugar de espada (fig. 1), tal vez sea la mejor muestra de un grupo quizá más magro pero no menos significativo de su obra, que muestra la lúcida altivez de su irreverencia. De hecho, fue rechazado hace poco en un concurso en el que ni siquiera fue seleccionado, yo estoy plenamente seguro que por su inconveniencia política. En eso me siento un hermano del alma de William, y más aun porque él se considera a sí mismo “un investigador salvaje”. Músico admirable, aunque inescrutable (algo de su música se puede oír en este enlace: https://www.jamendo.com/album/102563/demo-2008), y escultor de enorme pericia (fig. 6), además de pintor, y performer, artista del cuerpo (fig. 7-12), es un artista polifacético que no ha eludido la teoría (salvaje) y que escandaliza e irrita y también fascina con sus tesis sea donde sea que expone, aunque de hecho prefiere exponer al aire libre y suele retar a los curadores por su propia calidad como tales. Lo exquisito de Agudelo como artista es que su obra asimila y resiste esa su teorización, tan compleja y ardua como las que más, en la que, como decíamos al comienzo de este exordio a su trabajo, se aúnan la filosofía, el arte y la ciencia como fases de un solo movimiento, el gesto de asentimiento, entre sorprendido y grato, de un mortal que lo comprendió todo (fig. 13).

Fig. 13
Título: Evolución del guerrero (historia de ficción que representa la guerra del pantano [territorio muisca], 15 de diciembre de 1539)
Técnica: vinilo sobre pared
Dimensiones: 8 m por 3, 5 m
Año: 2019

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